27/05/2026

Con mejores números para el productor, el trigo busca recuperar área y volumen en la nueva campaña

CONINAGRO afirmó que la baja de retenciones ayudará a compensar costos, evitar una caída de hectáreas y acelerar la recuperación productiva del cereal. TN - 26/05/2026
 

La reducción de las retenciones al trigo anunciada por el presidente Javier Milei fue recibida en el sector agropecuario como una señal política destinada a recuperar confianza y estimular la próxima campaña fina.

Desde CONINAGRO sostuvieron que la medida “no debe verse como un costo fiscal, sino como una inversión de rápido recupero”, al considerar que tendrá impacto directo sobre las decisiones de siembra y sobre el nivel de producción en los próximos meses.

La decisión oficial implica una reducción de los Derechos de Exportación (DEX) del trigo, que pasarán del 7,5% al 5,5%. Aunque el cambio no modifica por completo la ecuación económica del productor, en el sector destacan que llega en un momento clave, marcado por costos elevados, incertidumbre climática y márgenes ajustados.

De izquierda a derecha: Carlos Castagnani, presidente de CRA; Ricardo Marra, presidente de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires (BCBA); Mario Raiteri, Secretario de CONINAGRO y Diego Cifarelli, presidente de la Federación Argentina de la Industria Molinera (FAIM). (Foto: CONINAGRO).
De izquierda a derecha: Carlos Castagnani, presidente de CRA; Ricardo Marra, presidente de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires (BCBA); Mario Raiteri, Secretario de CONINAGRO y Diego Cifarelli, presidente de la Federación Argentina de la Industria Molinera (FAIM). (Foto: CONINAGRO).

Expectativa en el campo

Según explicaron desde la entidad cooperativa, el beneficio económico se potencia además con la mejora registrada en los precios internacionales del cereal. Sobre un valor FOB estimado en US$250 por tonelada para la próxima cosecha, la reducción de retenciones representa aproximadamente US$6,25 adicionales por tonelada para el productor.

Ese ingreso extra se suma a los cerca de US$20 por tonelada que mejoró el precio internacional respecto del mismo período del año pasado. Para CONINAGRO, la combinación de ambos factores permitirá amortiguar gran parte del impacto generado por la suba de costos vinculados a insumos estratégicos como la urea y el gasoil.

Hace pocas semanas, la entidad había estimado que el encarecimiento de esos costos representaba un aumento cercano a los US$110 por hectárea para el productor triguero. En ese contexto, la reducción de retenciones aparece como un alivio parcial que puede modificar decisiones productivas de cara a la nueva campaña.

La preocupación por la caída de superficie sembrada venía creciendo en distintos sectores del mercado. Varias bolsas de cereales proyectaban una reducción de entre 200.000 y 500.000 hectáreas destinadas al trigo debido a la pérdida de rentabilidad y al aumento de los costos operativos.

Desde CONINAGRO creen que el anuncio oficial podría revertir parte de esa tendencia. “Impactará de manera directa y positiva en las decisiones de siembra”, señalaron desde la entidad, donde consideran que el productor necesita señales previsibles para volver a apostar por una mayor inversión tecnológica y productiva.

El planteo del cooperativismo rural apunta además a modificar el enfoque sobre las retenciones. Para la entidad, bajar impuestos al sector exportador no implica resignar recursos fiscales, sino estimular mayor producción y movimiento económico.

Con mejores precios internacionales y menor presión impositiva, el trigo vuelve a posicionarse como una alternativa atractiva para los productores de cara a la nueva siembra. (Foto: Fertilizar).
Con mejores precios internacionales y menor presión impositiva, el trigo vuelve a posicionarse como una alternativa atractiva para los productores de cara a la nueva siembra. (Foto: Fertilizar).

Según las estimaciones técnicas difundidas por CONINAGRO, el costo fiscal de la medida rondaría los US$30 millones para lo que resta de la actual campaña, con impacto en 2026. Para la campaña que comenzará ahora y cuyos efectos fiscales se reflejarán en 2027, el cálculo se ubica entre US$50 y US$60 millones.

Sin embargo, la entidad sostiene que esos recursos podrían recuperarse rápidamente mediante un aumento de la producción, mayor actividad comercial y más ingreso de divisas. El razonamiento es compartido por buena parte de la cadena agroindustrial, donde consideran que la presión tributaria sobre el trigo limitaba la competitividad y desalentaba inversiones.

El anuncio también incluyó definiciones sobre la cosecha gruesa. El Gobierno confirmó una reducción gradual de retenciones para soja, maíz, girasol y sorgo, con bajas mensuales de entre 0,25% y 0,50% a partir de enero de 2027.

Aunque en el sector agropecuario esperaban plazos más rápidos, la medida fue interpretada como una señal de previsibilidad para la producción. En un contexto económico todavía inestable, la posibilidad de contar con un esquema gradual de reducción impositiva aparece como un elemento valorado por productores y exportadores.

En el caso del maíz, no hubo anuncios específicos, aunque desde CONINAGRO dejaron entrever que esperan un tratamiento similar en el corto plazo. La entidad considera que el cereal cumple un rol clave dentro de las rotaciones agrícolas y resulta fundamental para sostener la sustentabilidad productiva.

La expectativa ahora está puesta en cómo reaccionará el productor frente al nuevo escenario. La campaña fina comienza a definirse en las próximas semanas y las decisiones sobre inversión, fertilización y superficie sembrada dependerán en gran medida de la evolución de los precios, el clima y las señales económicas.

Mientras tanto, el Gobierno busca consolidar un vínculo más fluido con el sector agroindustrial, uno de los principales generadores de divisas del país. En el campo, la lectura predominante es que la reducción de retenciones todavía no resuelve todos los problemas estructurales, pero puede convertirse en un primer paso hacia una mayor recuperación productiva.

El trigo vuelve así al centro de la escena económica. Y con él, reaparece un debate histórico en la Argentina: cuánto influye la presión fiscal sobre las decisiones de producción y cuánto puede crecer el agro cuando las condiciones económicas ofrecen previsibilidad.