28/07/2026

¿La soja no es 100% autógama? Un estudio del INTA y el CONICET revela el rol clave de los polinizadores en el rendimiento

Investigadores descubrieron que el polen del cultivo puede germinar antes de tiempo y dificultar su autofecundación. La visita de insectos silvestres compensa esta falla y abre una nueva ventana para el mejoramiento genético. TN - 27/07/2026
 

Durante décadas, la agronomía y el mejoramiento genético sostuvieron un axioma que parecía inamovible: la soja es un cultivo de estricta autogamia.

Bajo este precepto, las plantas se autofecundan sin necesidad de agentes externos, lo que llevó a planificar los lotes y la selección de cultivares considerando únicamente la genética interna de la semilla y el manejo agronómico tradicional.

Sin embargo, una investigación conjunta entre especialistas del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) y del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) acaba de desafiar esta creencia histórica, al revelar que la naturaleza esconde matices de vital importancia para los rendimientos del campo argentino.

El trabajo, que logró un impacto internacional al ser publicado en la prestigiosa revista científica Scientific Reports de la editorial Nature, fue liderado por Pablo Cavigliasso (investigador del Grupo de Gestión Ambiental del INTA Marcos Juárez), Marina Strelin (del Instituto Multidisciplinario de Biología Vegetal de la Universidad Nacional de Córdoba) y Marcelo Aizen (del Instituto de Investigaciones en Biodiversidad y Medioambiente de la Universidad Nacional del Comahue).

Juntos abrieron un debate crucial: para maximizar los kilogramos por hectárea no solo hay que mirar la tecnología de la semilla, sino también los servicios ecosistémicos que ofrece la biodiversidad que rodea a los lotes.

Para llegar a estas conclusiones, los científicos desarrollaron un minucioso ensayo durante la campaña 2023/24 en la Estación Experimental Agropecuaria de Marcos Juárez, en la provincia de Córdoba.

En una parcela de 24 hectáreas equipada con colmenas y rodeada de parches de vegetación, monitorearon durante cuatro semanas el comportamiento floral en 15 parcelas del cultivo.

La metodología combinó análisis de laboratorio de 186 flores mediante microscopía de epifluorescencia con el conteo de visitas de insectos, evaluando al final del ciclo qué proporción de óvulos se transformó exitosamente en semillas.

El estudio reveló que la maduración prematura del polen dificulta la autofecundación de la soja, abriendo un nuevo paradigma en el manejo del cultivo. (Foto: INTA).
El estudio reveló que la maduración prematura del polen dificulta la autofecundación de la soja, abriendo un nuevo paradigma en el manejo del cultivo. (Foto: INTA).

La falla silenciosa

Lo que en principio se planteó como una observación sobre cómo el ambiente altera la floración del cultivo terminó revelando un mecanismo fisiológico insospechado.

Al analizar las muestras bajo el microscopio, los investigadores descubrieron que parte del polen de la soja tiende a germinar de manera prematura dentro de las propias anteras, activándose antes de alcanzar el estigma donde debe realizarse la fecundación.

Este fenómeno de desarrollo precoz reduce de forma directa las probabilidades de que la planta logre fecundarse por sí misma de manera eficiente e impide una correcta liberación de los granos de polen.

Según explicaron los expertos, esta condición suele darse en plantas con flores cleistógamas (aquellas que no se abren), pero las elevadas temperaturas registradas durante la campaña provocaron que las flores permanecieran completamente abiertas, dejando expuesto este desfasaje biológico.

Ahí es donde el rol de los insectos cobra una dimensión determinante. El estudio comprobó que las visitas de los polinizadores actúan como un verdadero “seguro productivo” que compensa parcialmente la falla de la autopolinización.

Cuando las abejas y moscas visitan las flores, depositan polen viable que no ha germinado previamente, mejorando la fecundación en el estigma incluso cuando existen altos índices de polen prematuro en la estructura floral.

Un aspecto sorprendente del hallazgo radica en el protagonismo de la fauna nativa.

Aunque la abeja melífera es el visitante más abundante en los lotes, el aporte de pequeños polinizadores silvestres —como abejas nativas y especies de moscas comúnmente subestimadas— resultó sustancialmente más eficaz para lograr la correcta germinación del polen y elevar la tasa de transformación de óvulos en granos.

Bajo el microscopio: imagen de epifluorescencia utilizada en el estudio del INTA y el Conicet, donde se observa la germinación de los granos de polen y el crecimiento de los tubos polínicos en flores de soja. (Foto: INTA).
Bajo el microscopio: imagen de epifluorescencia utilizada en el estudio del INTA y el Conicet, donde se observa la germinación de los granos de polen y el crecimiento de los tubos polínicos en flores de soja. (Foto: INTA).

Rediseñar la genética

Las implicancias de este descubrimiento van mucho más allá de la mera curiosidad botánica y calan profundo en el corazón del negocio agropecuario.

Por un lado, invitan a reevaluar las prácticas de manejo productivo, destacando que conservar parches de vegetación nativa o refugios de biodiversidad en las márgenes de los lotes no representa un costo o una pérdida de área útil, sino una inversión directa en la estabilidad de los rindes.

Por otro lado, el hallazgo enciende una luz de alerta sobre el mejoramiento genético actual.

En las últimas décadas, los programas de selección han priorizado el acortamiento de los ciclos reproductivos de la soja con el objetivo de lograr dobles cultivos en una misma campaña o escapar a las primeras heladas del otoño.

Sin embargo, los investigadores plantean que, por un efecto genético conocido como pleiotropía —donde un mismo gen regula múltiples rasgos a la vez—, al seleccionar variedades de ciclo cada vez más corto se podría estar acentuando involuntariamente la presencia de polen prematuro y la falla en la autofecundación.

Este cambio de paradigma propone reconciliar el avance tecnológico con la conservación del paisaje.

Los polinizadores silvestres, hasta ahora considerados meros espectadores en el ecosistema sojero, pasan a ser reconocidos como aliados estratégicos que no solo aseguran la fertilización del cultivo, sino que también aportan al control biológico de plagas.

Para profundizar en estas herramientas y debatir las estrategias de manejo para los próximos ciclos, el INTA Marcos Juárez abrirá sus puertas este 30 de julio en la jornada especial “Polinización en agroecosistemas de soja”.

Allí, productores, asesores técnicos y científicos se darán cita para analizar los últimos resultados de la investigación y comenzar a escribir el nuevo capítulo de la producción sojera en la Argentina: uno donde la genética de avanzada y la naturaleza trabajan codo a codo en busca de la máxima productividad.