18/08/2026

Soja bajo presión. En las últimas campañas, aumentaron las chinches y las pérdidas en rindes: qué hacer

En las últimas campañas cambió el escenario de plagas en soja, con un aumento importante de la presencia de chinches y situaciones de alta infestación en las que pueden generar pérdidas de rendimiento de hasta el 30% en ataques severos. AGROVERDAD - 18/08/2026

Con este escenario sanitario, destacaron la importancia del monitoreo temprano y del reconocimiento de las especies y estadios presentes para definir y ajustar las estrategias de control.

Estas fueron algunas de las conclusiones que presentó la Ing. Agr. Emilia Balbi, especialista en entomología del INTA Marcos Juárez, durante un encuentro que reunió a más de 230 productores, asesores y técnicos para compartir resultados de ensayos y líneas de investigación de CREA e INTA, orientados a aportar herramientas para la toma de decisiones de cara a la próxima campaña.

Daños en rindes

Según explicó la especialista, a diferencia de las orugas, las chinches pueden afectar directamente las estructuras reproductivas de la soja, con un riesgo que adquiere especial importancia desde R3, momento de formación de vainas, y durante el llenado de los granos.

Al alimentarse, las chinches perforan los tejidos e inyectan saliva con amilasas y proteínas que producen digestión y muerte de tejidos. Durante la formación de las vainas pueden provocar su aborto; en las primeras etapas de formación del grano, generar granos arrugados o chuzos; y, más adelante, causar depresiones, manchas y decoloraciones.

Pero, el impacto no se limita a los kilogramos cosechados, ya que los ataques durante la etapa reproductiva también pueden deteriorar la calidad comercial del grano y provocar retrasos en la maduración, con las consiguientes dificultades para la cosecha.

Si bien el daño disminuye a medida que avanza el ciclo, no desaparece durante el llenado. “Cuanto más temprano se produce el picado, mayor es la merma de rendimiento. En R6 todavía podemos tener pérdidas si la población de chinches es alta en el lote”, explicó Balbi, quien señaló que, si además, la picadura afecta la zona del embrión, puede reducir la viabilidad del grano destinado a semilla.

“Podemos haber hecho una muy buena planificación, lograr una buena implantación, controlar malezas e invertir en fertilización, pero después, por falta de monitoreo, podemos tener pérdidas importantes por chinches”, remarcó.

Qué mirar

Balbi destacó la importancia de reconocer las especies y estadios presentes y seguir su evolución desde floración en los lotes del cultivo.

La duración de cada generación está determinada principalmente por la temperatura y puede variar entre 25 y 45 días. Durante los primeros estadios las ninfas permanecen agrupadas y comienzan a dispersarse al pasar de ninfa 2 a ninfa 3, momento en que aumenta la probabilidad de alcanzarlas con una aplicación.

El complejo incluye a Piezodorus guildinii, Nezara viridula, Edessa meditabunda, Dichelops furcatus y Euschistus heros. En el centro del país predomina N. viridula, mientras que en áreas del norte y del Litoral aumenta la participación de P. guildinii. La composición también puede estar condicionada por el paisaje y la presencia de otros hospedantes, como la alfalfa.

Balbi llamó además la atención sobre Euschistus heros, cuya participación viene aumentando lentamente, aunque todavía representa una proporción reducida en la región. Mencionó el antecedente de Brasil, donde pasó de tener una presencia minoritaria a convertirse en una de las principales chinches asociadas al cultivo.

Qué hacer

Según la especialista, los umbrales de acción son bajos, por lo que una población capaz de justificar una intervención puede pasar inadvertida a simple vista. Por eso, Balbi remarcó la necesidad de utilizar el paño vertical: cuando las chinches ya resultan evidentes al recorrer el cultivo, probablemente el lote se encuentre por encima del umbral.

“Es muy difícil encontrar una chinche por observación directa en dos metros de cultivo”, dijo, en referencia a un umbral de 0,5 individuos por metro lineal. “Si no vamos con el paño, muchas veces no las vemos. El monitoreo es engorroso, pero al menos en algunas instancias clave del cultivo hay que hacerlo”, agregó.

No todas las especies tienen la misma capacidad de provocar pérdidas. Piezodorus guildinii presenta la mayor peligrosidad, seguida por Nezara viridula y Edessa meditabunda. Las chinches marrones y Dichelops furcatus tienen una peligrosidad relativa menor. En todos los casos, el impacto potencial disminuye con el avance de la fenología.

En el norte del área productiva es posible alcanzar el umbral de control incluso en sojas de primera. Hacia el sur, la probabilidad aumenta con el retraso de la fecha de siembra, por lo que las sojas tardías y de segunda presentan mayores necesidades de control.

Los umbrales aumentan a medida que avanza el ciclo, porque el cultivo tolera una mayor población conforme disminuye la susceptibilidad al daño. Sin embargo, las últimas campañas plantearon situaciones que excedieron ampliamente esos valores.

“Llegamos a registrar 42 chinches por metro lineal en ensayos de la experimental del INTA Marcos Juárez. Es fácil manejar una población baja; el problema aparece cuando tenemos densidades tan altas”, explicó.

La colonización puede comenzar desde R1, inicio de floración, y continuar durante las etapas siguientes. Por eso, la presencia temprana funciona como una señal de alerta sobre la población que podría encontrarse cuando el cultivo ingrese en los estadios de mayor susceptibilidad.

“Si encontramos chinches en floración, sabemos que probablemente en R3 vamos a tener esas y otras que sigan colonizando el lote”, señaló. Esto no implica aplicar anticipadamente, sino seguir la evolución de la población para definir el momento del control. Además de los adultos, deben contabilizarse las ninfas mayores de 5 milímetros, que ya pueden perforar las vainas.

Impacto y control de infestaciones altas

En situaciones de presión convencional, los ensayos sobre soja tardía mostraron una diferencia cercana a 500 kg/ha entre el manejo integrado de plagas y el testigo: 3864 frente a 3366 kg/ha. En ese ensayo se utilizó una aplicación de 300 cc/ha de bifentrin.

Con poblaciones excepcionalmente altas, incluso una pulverización capaz de controlar el 95% puede dejar un remanente por encima del umbral. La calidad de aplicación y el monitoreo posterior resultaron fundamentales para determinar si es necesaria una nueva intervención.

A esto puede sumarse la reinfestación desde lotes vecinos, especialmente cuando están más avanzados en su ciclo. En esos casos, una segunda aplicación puede resultar necesaria para evitar pérdidas de rendimiento.

Los ensayos bajo alta infestación mostraron la magnitud del impacto. Con una aplicación de 300 cc/ha de lambdacialotrina + tiametoxam se registró una diferencia de alrededor de 1250 kg/ha respecto del testigo, mientras que con dos aplicaciones la brecha alcanzó aproximadamente 1770 kg/ha.

Las diferencias pueden variar entre ensayos, pero llegamos a esos valores de rendimiento. Claramente, al manejo de chinches hay que prestarle mucha atención”, advirtió.

En contraste con las chinches, el panorama actual de orugas en soja se presenta diferente. “El escenario de orugas en soja por el momento está tranquilo y no hay nada que indique que vaya a cambiar”, concluyó.

*Fuente: argentina.gob.ar