21/10/2026

Protección de cultivos con drones: el mapa técnico para aplicaciones eficientes y seguras

CASAFE y la Facultad de Agronomía de la UBA sistematizaron la evidencia científica y fijaron criterios para trabajar bajo las Buenas Prácticas Agrícolas con tecnología no tripulada. TN - 21/10/2026
 

La incorporación de Aeronaves Pilotadas a Distancia (RPA, por su sigla en inglés) para la protección de cultivos vive una expansión acelerada en la agricultura argentina.

Sin embargo, la efectividad de los tratamientos no se agota en la precisión electrónica ni en el software de navegación.

Frente a este escenario de innovación tecnológica, la Cámara de Sanidad Agropecuaria y Fertilizantes (CASAFE) presentó el libro “Protección de Cultivos con Drones: Fundamentos Técnicos y Buenas Prácticas”, una publicación coeditada junto a la Editorial de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires (EFA) que reúne por primera vez en el país los criterios técnicos, la evidencia científica y el marco normativo para consolidar aplicaciones responsables, eficientes y sustentables en el medio rural.

Al reflexionar sobre el sentido de esta obra, Federico Landgraf, director ejecutivo de CASAFE, aportó una mirada institucional sobre la iniciativa: “Hoy existe una enorme expansión de la tecnología de drones en la agricultura. Frente a este escenario, lo que necesitamos es que la innovación avance acompañada por las buenas prácticas. Lo que buscamos con esta publicación es justamente ordenar conocimientos, reunir evidencia y poner a disposición los criterios técnicos para una aplicación responsable, eficiente y sustentable”.

El directivo remarcó que, si bien estas herramientas representan un salto cualitativo, “los drones aportan nuevas oportunidades para la protección de cultivos, pero una buena aplicación depende de mucho más que la tecnología”.

Por su parte, Federico Elorza, autor principal de la obra y coordinador de Gestión Sustentable de CASAFE, detalló los aspectos operativos centrales que contempla el libro: “Un nuevo libro de CASAFE publicado en la editorial de la Facultad de Agronomía de la UBA reúne los principales criterios técnicos para trabajar bajo buenas prácticas con RPA, considerando variables como altura de vuelo, velocidad, número y tamaño de gotas, volumen de aplicación, condiciones meteorológicas y control de deriva”.

Asimismo, el especialista en tecnología de aplicación enfatizó que el trabajo “también incorpora recomendaciones sobre la trazabilidad, telemetría y validación de las aplicaciones a campo. Es una herramienta desarrollada para brindar parámetros claros y acompañar el uso responsable, eficiente y sustentable de los drones en la agricultura”.

La obra cuenta además con el respaldo institucional del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA), la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), la Red de Buenas Prácticas Agrícolas (BPA), el Consejo Profesional de Ingeniería Agronómica (CPIA) y la Federación de Distribuidores de Insumos Agropecuarios (FEDIA), y ya se encuentra disponible para su descarga gratuita desde el sitio web oficial de la entidad.

La portada del nuevo libro coeditado por CASAFE y la UBA fija los parámetros técnicos para la protección de cultivos con aeronaves pilotadas a distancia. (Foto: CASAFE).
La portada del nuevo libro coeditado por CASAFE y la UBA fija los parámetros técnicos para la protección de cultivos con aeronaves pilotadas a distancia. (Foto: CASAFE).

Criterios clave para la toma de decisiones a campo

La guía de buenas prácticas enumera ocho variables operativas críticas que deben armonizarse antes de cada despegue:

  1. Selección de productos habilitados en etiqueta.
  2. Número y tamaño de gotas.
  3. Altura de vuelo.
  4. Velocidad de avance.
  5. Ancho de faja efectivo.
  6. Volumen de aplicación.
  7. Lectura de las condiciones meteorológicas en tiempo real.
  8. Calidad del agua junto a la compatibilidad de las mezclas.

Uno de los aportes centrales del libro reside en la caracterización aerodinámica del vuelo.

El efecto downwash —la columna de aire desplazada verticalmente hacia abajo por la rotación de las hélices— resulta el vector indispensable para vencer la resistencia del viento, abrir el dosel del cultivo y proyectar el caldo hacia los estratos inferiores.

No obstante, al incrementar la velocidad de desplazamiento a rangos de entre 30 y 45 km/h, las aeronaves entran en el denominado “vuelo traslacional”.

En este estado, el beneficio del empuje vertical disminuye significativamente y la nube de aspersión queda más expuesta a las corrientes ambientales, lo que obliga al operador a reajustar los tamaños de gota y la altura de vuelo para evitar pérdidas por deriva.

Respecto de la altura operativa sobre el canopeo, la literatura técnica recopilada propone trabajar en un rango general de 2 a 4 metros.

Mientras que en drones de porte chico o medio los 2 metros garantizan penetración y reducen la exposición al viento lateral, en los equipos de gran capacidad (como los modelos multirrotores de nueva generación) volar excesivamente bajo provoca el rebote del aire contra el suelo o el cultivo (efecto suelo).

En estos gigantes del aire, operar entre 3 y 4 metros permite que las corrientes de los motores se solapen y alcancen un patrón de deposición uniforme.

En cuanto al tamaño de gotas, la publicación aconseja evitar pulverizaciones con diámetros volumétricos medianos inferiores a los 200 micrones.

Las gotas excesivamente finas carecen de la energía cinética necesaria para llegar al blanco y sufren una rápida evaporación antes de impactar el follaje.

Frente a escenarios ambientales hostiles o cercanía a áreas sensibles, la recomendación técnica es migrar hacia categorías de gotas “Muy Gruesas” (300 a 350 micrones)y compensar la menor cantidad de impactos por centímetro cuadrado mediante un incremento en el volumen de agua por hectárea.

Capacitación profesional: la calibración de equipos y el ajuste de boquillas, pilares centrales de las buenas prácticas. (Foto: CASAFE).
Capacitación profesional: la calibración de equipos y el ajuste de boquillas, pilares centrales de las buenas prácticas. (Foto: CASAFE).

Meteorología, ambiente y zonas de amortiguamiento

La gestión de la atmósfera es el factor de mayor incertidumbre durante la pulverización.

La guía estipula límites operativos estrictos para resguardar la seguridad ambiental: vientos constantes de entre 3 y 15 km/h, un indicador Delta T (que mide la capacidad deshidratante del aire) comprendido entre 2 y 8y la prohibición absoluta de pulverizar bajo condiciones de inversión térmica o viento nulo, donde la nube de gotas permanece en suspensión y puede desplazarse de manera errática.

A su vez, el libro aborda un parámetro innovador para la aviación agrícola no tripulada: el Índice Kp, que mide el nivel de tormentas geomagnéticas globales.

Cuando la actividad solar eleva este indicador a valores iguales o superiores a 5, se producen interferencias ionosféricas que degradan las señales de posicionamiento satelital de alta precisión (RTK).

En esas circunstancias, el dron puede sufrir “deriva electrónica” o saltos de ruta sin presencia de viento, por lo que la recomendación de buenas prácticas es suspender los vuelos autónomos de precisión.

Sobre la controversia recurrente de las distancias de amortiguamiento en periurbanos y zonas sensibles, la recopilación de ensayos de campo internacionales y nacionales valida que, bajo el cumplimiento estricto de las Buenas Prácticas Agrícolas, se recomienda una zona de seguridad técnica de 30 metros (±15 m).

La evidencia científica demuestra que el 90% de la masa líquida desplazada fuera del objetivo se deposita en los primeros 8 a 15 metros desde el límite del lote.

Aplicar con parámetros conservadores (alturas menores a 4 m, gotas muy gruesas y vientos inferiores a 15 km/h) equipara el perfil de deriva de un dron al de una pulverizadora terrestre convencional.

Trabajo en red: instituciones y especialistas se congregaron para consolidar el uso responsable de la tecnología de drones. (Foto: CASAFE).
Trabajo en red: instituciones y especialistas se congregaron para consolidar el uso responsable de la tecnología de drones. (Foto: CASAFE).

Profesionalización y resguardo documental

La normativa argentina contempla un esquema articulado entre la Administración Nacional de Aviación Civil (ANAC), el SENASA y las legislaciones provinciales o municipales.

La Resolución ANAC 550/2025 habilitó la Categoría Abierta para operaciones rurales fuera de espacio aéreo controlado con trámites simplificados, mientras que el SENASA exige que los productos fitosanitarios aplicados cuenten con la autorización explícita para uso en RPA en su marbete o en los listados administrativos oficiales.

Más allá de la separación física entre el operador y la cortina de pulverización, el manual remarca que la mayor exposición accidental a productos químicos ocurre durante la apertura de envases y la preparación de la mezcla.

Por este motivo, el uso de Equipos de Protección Personal (EPP) completos, el acondicionamiento de un kit de derrames y la delimitación de una zona limpia separada de la estación de carga de baterías de litio son requisitos mandatorios para el equipo de trabajo.

Finalmente, se subraya que la sostenibilidad de esta herramienta en la comunidad descansa en la transparencia y el resguardo documental.

La digitalización de la “bitácora de decisiones”, la verificación del patrón de mojado en el lote mediante tarjetas hidrosensibles y el archivo de los mapas de telemetría emitidos por el control remoto garantizan la trazabilidad profesional.

Con esta guía técnica, el sector agropecuario argentino dispone de un marco normativo y agronómico sólido para que la innovación con drones se traduzca en una agricultura cada vez más responsable, eficiente y sustentable.