03/09/2026

Isoca de la espiga en maíz. Estado de alarma por los ataques ocurridos en Córdoba

Durante la campaña 2025/26, mientras Spodoptera frugiperda acaparaba la atención por las fallas de control, otra isoca seguía avanzando por debajo del radar: la oruga de la espiga, Helicoverpa zea. AGROVERDAD - 03/09/2026

En el centro-norte de Córdoba, terminó protagonizando uno de los ataques más severos registrados en los últimos 25 años, según el entomólogo y asesor privado en Halcón Roberto Peralta.

Afectó por igual a maíces tempranos y tardíos, con prácticamente el «100% de las espigas afectadas«.

La plaga plantea interrogantes sobre las herramientas disponibles para su manejo, alerta AAPRESID-REM en su informe mensual.

Y entonces surge el interrogante: ¿“el Bt dejó de funcionar”.?

Invitamos a repasar la información que acaba de difundir AAPRESID.

Un daño sin precedentes y sin distinciones

Según la última encuesta nacional de la REMdurante la campaña 2024/25 la tecnología Vip alcanzó el 68% de adopción en los maíces sembrados por productores socios de Aapresid. Sin embargo, en el 82% de los casos relevados se registraron daños y presencia de especies consideradas «blanco» de esta biotecnología, especialmente H. zea.

En esta campaña, el especialista Ing. Agr. Roberto Peralta, destacó que la tendencia no sólo se sostuvo sino que podría haberse agravado. En toda la región centro-norte de Córdoba el daño afectó por igual a maíces tempranos y tardíos, algo que no ocurría desde hacía 25 años, con prácticamente el «100% de las espigas afectadas«. La magnitud fue tal que ni siquiera pudo establecerse una referencia de pérdida de rendimiento, al no encontrarse plantas ni sectores del lote sin daño con los cuales comparar.

Ese solapamiento entre tempranos y tardíos no es casualidad, según explica la Ing. Agr. MSc. Emilia Balbi, especialista de INTA Marcos Juárez. Tradicionalmente eran los maíces tardíos (que florecen coincidiendo con el pico de vuelo de adultos en la segunda quincena de febrero) los más expuestos en la región núcleo. Pero en las últimas dos campañas la población de polillas se volvió numerosa ya desde noviembre, lo que amplió la ventana de riesgo y expuso también a los maíces tempranos.

Balbi aporta además una referencia concreta de impacto: cuando entre el 95 y el 100% de las espigas resultan afectadas en un área media de 3 cm², la pérdida de rendimiento ronda el 4% de la producción.

¿Qué explica un pico así?

Peralta sostiene que el fenómeno no puede atribuirse el a un único factor. Si bien resulta difícil identificar qué llevó a niveles poblacionales tan superiores a los de otras campañas, plantea como hipótesis un efecto acumulativo en el que la pérdida progresiva de eficacia de algunas tecnologías Bt podría haber favorecido la supervivencia y el crecimiento poblacional de la plaga.

Balbi señala que la adaptación de H. zea para sobrevivir a los distintos eventos transgénicos utilizados en los maíces de Sudamérica amplió el nicho disponible para la especie. Hace apenas tres años había diferencias marcadas entre híbridos con Vip3Aa20 y no Bt; hoy esas diferencias se diluyeron notablemente. A esto se le suma el crecimiento de la superficie de maíces tardíos entre 2013 y 2023, que podría haber favorecido a lo largo de los años al aumento de las poblaciones.

Un dato llamativo de la misma zona es que S. frugiperda, la plaga que ocupó los titulares esta campaña, prácticamente no se hizo presente. Para Peralta, esto podría indicar una dinámica de competencia entre especies que aún debe estudiarse.

No todas las Bt son iguales

Los distintos eventos Bt expresan proteínas diferentes y su eficacia depende de la plaga (Tabla 1). En el caso de H. zea, las proteínas Cry1A.105 y Cry2Ab mostraron inicialmente actividad sobre la plaga, pero con el tiempo se observó una pérdida de eficacia en campo. Por eso, Vip3Aa pasó a ser una de las principales herramientas Bt para su control, con un buen nivel de eficacia sobre la oruga de la espiga.

Por eso, encontrar H. zea en un híbrido Bt no significa necesariamente que “el Bt dejó de funcionar”. Para interpretar el daño es necesario conocer qué evento y qué proteína expresa el híbrido y distinguir entre una tecnología con actividad naturalmente menor sobre la plaga y una eventual pérdida de susceptibilidad.

Peralta tampoco observó diferencias apreciables entre materiales Bt y convencionales, aunque sí variaciones entre lotes que no pudo atribuir con certeza al híbrido o a características propias del ambiente. Balbi, en cambio, señala que bajo las poblaciones elevadas de las últimas dos campañas, todos los híbridos pueden presentar daño, aunque los ensayos experimentales sí muestran diferencias según la tecnología.


Tabla 1. Proteínas Bt presentes en las principales tecnologías de maíz y su actividad frente a distintas especies de Lepidópteros. Fuente: REM-Aapresid.

Sin umbral y sin bala de plata

Uno de los aportes más relevantes de Peralta tiene que ver con los límites reales del manejo disponible. Consultado por recomendaciones concretas y umbrales de intervención, fue directo: no existe un umbral definido y es difícil que pueda establecerse.

Históricamente, la zona convivió con esta plaga en materiales no-Bt debido a las limitaciones del control químico. Incluso con monitoreo y aplicaciones bien ajustadas, las larvas sobrevivientes pueden producir un daño similar al de los lotes sin tratar.

Por eso, Peralta sostiene que «el único manejo disponible a nivel mayoritario para la región es escapar a las mayores poblaciones con manejo de fechas de siembra”. Frente a poblaciones en pico, la fecha de siembra aparece así como la herramienta más confiable para reducir la exposición.

¿Qué esperar en la próxima campaña?

Como H. zea pasa parte de su ciclo como pupa en el suelo, Balbi señala que el exceso de agua puede condicionar su supervivencia. La fase húmeda que atravesó la región pampeana en 2014 redujo las poblaciones de la plaga a niveles mínimos durante varios años.

De cara a la próxima campaña, Peralta considera difícil proyectar con certeza cómo evolucionará la dinámica poblacional. En cuanto a la estrategia tecnológica, el diagnóstico es claro: hace falta repensar el cuidado de la tecnología Bt para este tipo de plagas, en las que el control químico es especialmente dificultoso.

La combinación de insecticidas con feromonas y/o kairomonas aparece como una alternativa prometedora para reducir la presión de daño, aunque todavía requiere ajustes locales antes de poder masificarse.

Más allá de esta campaña, el caso de H. zea deja una señal de fondo. Cuando las poblaciones aumentan y las herramientas de control pierden eficacia, el manejo pasa de intentar eliminar la plaga a evitar los momentos de mayor presión. Para el maíz argentino, el desafío será sostener la eficacia de las tecnologías disponibles y desarrollar nuevas herramientas antes de que estos episodios excepcionales se conviertan en habituales