La producción agrícola enfrenta el desafío de mantener los rindes y, al mismo tiempo, mejorar la salud de los suelos. Por eso, la startup santafesina Infira desarrolla una propuesta innovadora: transformar cultivos anuales en perennes para que puedan rebrotar luego de la cosecha. Con esta tecnología, se podrían realizar dos cosechas de soja con una sola siembra.
La empresa, fundada en 2020 en la ciudad de Santa Fe, surgió a partir de investigaciones realizadas en la Universidad Nacional del Litoral (UNL) y el Conicet. Según explicó su CEO y cofundadora, Renata Reinheimer, el objetivo fue llevar una tecnología de laboratorio hacia una etapa de validación y desarrollo con potencial de aplicación comercial.

“Lo que encontramos fue la capacidad de despertar algunos pedacitos del ADN de las plantas, que tienen guardada esa memoria o esa capacidad de vivir por más tiempo”, señaló. El proyecto nació con el objetivo de transformar un descubrimiento científico en una solución aplicable al agro.
Sin embargo, el trabajo requerie atravesar un largo proceso de maduración para convertirse en una herramienta con potencial comercial. “La tecnología tenía un grado de madurez muy bajo para lo que la industria hoy pide. Entonces surge la posibilidad de fundar Infira para darle ese salto madurativo”, explicó Reinheimer.

En términos productivos, esto permitiría que un cultivo continúe creciendo después de la cosecha y vuelva a producir sin necesidad de una nueva siembra. “Nosotros vemos a la primera cosecha, como una nueva oportunidad para que el cultivo pueda rebrotar”, resumió Reinheimer. “El concepto botánico técnico sería perenne, que es vida larga, contra lo que hoy tenemos, que es anual, que es vida corta”, agregó.
Cómo logran el rebrote de los cultivos
En el caso de la soja, uno de los cultivos sobre los que avanzan los ensayos, la estrategia apunta a conservar parte de la planta para favorecer su regeneración. “Lo que estamos probando es cosechar y dejar un tocón de entre 5 y 10 centímetros para esperar el rebrote desde la base”, explicó la CEO.
La propuesta abre la posibilidad de obtener nuevas cosechas a partir de una misma implantación, reduciendo intervenciones sobre el suelo y aprovechando sistemas radiculares ya establecidos. Según la empresa, el objetivo es que la primera cosecha deje de representar el final del ciclo productivo y se convierta en el inicio de una nueva etapa de crecimiento.
Uno de los principales hitos de la startup fue lograr validar la tecnología fuera del laboratorio. El cultivo donde obtuvieron los avances más significativos fue el arroz, con dos campañas de ensayos a campo y resultados que califican como exitosos.
“Tuvimos muchísimo éxito en arroz. Ya es la segunda campaña a campo que estamos desarrollando con excelentes resultados”, afirmó Reinheimer.

“Haber llegado al campo y haberlo podido validar para nosotros significó un hito tremendo”, sostuvo. “Todas las validaciones que teníamos eran en laboratorio o invernadero, y no es lo mismo que probarlo en condiciones reales”.
A partir de esos avances, la empresa amplió sus investigaciones hacia otros cultivos estratégicos como soja y maíz. También comenzó a trabajar en caña de azúcar y alfalfa, dos especies que ya poseen características perennes, pero cuya persistencia productiva se ha reducido con el tiempo.
Según explicó Reinheimer, en estos casos la tecnología busca extender la vida útil de los cultivos y recuperar parte de la persistencia que históricamente tenían. En el caso de la alfalfa, por ejemplo, recordó que décadas atrás podía mantenerse productiva entre ocho y diez años, mientras que actualmente en algunas regiones esa duración se redujo a apenas tres o cuatro campañas.
Además de los beneficios productivos, Infira considera que los cultivos perennes pueden convertirse en una herramienta para mejorar la salud de los suelos y enfrentar al cambio climático. La empresa observó que su tecnología promueve el desarrollo radicular, permitiendo que las plantas exploren un mayor volumen de suelo y permanezcan más tiempo activas.
“Esta tecnología promueve el desarrollo radicular, hace que las plantas estén más tiempo en el suelo y con eso se mejora la estructura del suelo, la captura de carbono, el reciclado de nutrientes y el acceso al agua”, explicó la CEO.
En raíces pivotantes, como las de la soja, los ensayos muestran un aumento en la longitud de la raíz principal. En gramíneas, en tanto, se observa una mayor proliferación de raíces secundarias. De acuerdo con la empresa, estos efectos podrían traducirse en una mejor infiltración y almacenamiento de agua, mayor estabilidad estructural del suelo y una mayor resiliencia frente a períodos de estrés hídrico.

Actualmente la compañía se encuentra en plena etapa de validación tecnológica y generación de información agronómica, un proceso que demanda años de trabajo y articulación con actores de la cadena semillera y biotecnológica.
“Nosotros estamos validando, estamos en la mitad del camino. Todavía nos faltan por lo menos cinco años más de pruebas y de vinculación con semilleras y empresas agrobiotecnológicas para poder escalarlo y comercializarlo”, explicó Reinheimer.

Para la CEO, el desafío va más allá de obtener una segunda cosecha. La apuesta es avanzar hacia un nuevo modelo productivo que combine productividad y regeneración. “Hay que seguir apostando a este tipo de cultivos y nuevos conceptos de cultivo, donde no solo estemos mirando la producción, sino también cómo ayudar a regenerar el suelo”, afirmó. Y concluyó: “Un suelo más sano va a repercutir sí o sí en una muy buena producción”.