01/09/2026

Tienen casi 1000 hectáreas bajo riego y lograron un récord de 91 quintales por hectárea de trigo: cuánto cuesta el milímetro de lluvia

Una empresa familiar de Córdoba Norte combina commodities, especialidades y producción bajo riego para reducir riesgos, ganar previsibilidad y ampliar sus alternativas comerciales, con maíz, trigo, maní, garbanzo y trigo candeal. AGROFY NEWS - 01/09/2026
 

La diversificación se convirtió en una estrategia productiva para Sildaria SA, una empresa familiar integrante del grupo Jesús María de la región CREA Córdoba Norte. El planteo combina cultivos tradicionales como trigo, soja y maíz con especialidades como maní, garbanzo y trigo candeal, mientras que el riego aporta una herramienta adicional para estabilizar la producción y buscar mayores potenciales de rendimiento.

La firma comenzó a incorporar riego en 2007 y actualmente cuenta con cuatro pivotes centrales: tres con una cobertura de 125 hectáreas y uno de 80. Los equipos cubren 455 hectáreas, aunque pueden desplazarse entre distintas posiciones y alcanzar una capacidad máxima de riego de 910 hectáreas.

De acuardo al artículo de Contenidos CREA, la estrategia no consiste en encender los equipos únicamente cuando falta agua. Para Gonzalo Correa Peláez, responsable de logística y comercialización de Sildaria SA, el objetivo es trabajar sobre un ambiente más previsible y aprovechar el recurso hídrico para capturar potencial.

“A veces nos confundimos y pensamos que el riego está solamente para cuando no llueve. En realidad, cuando llueve, esa disponibilidad de agua adicional permite buscar potenciales más altos”, explicó.

El manejo se complementa con ajustes en fertilización, fecha y calidad de siembra y seguimiento de los cultivos. El resultado se reflejó en la última campaña: la empresa alcanzó 145 quintales por hectárea en maíces implantados después de maní y obtuvo un máximo histórico de 91 quintales por hectárea en trigo.

“No es solo agua. Para llegar a esos resultados también hace falta una buena fertilización, una buena siembra y todo el manejo que acompaña al cultivo”, destacó.


El riego como herramienta para ganar previsibilidad

La incorporación de pivotes fue acompañada por nuevas perforaciones para garantizar la disponibilidad de agua. Hoy, los cuatro equipos funcionan con electricidad, cuyo costo aumentó de manera significativa en los últimos años: aplicar un milímetro cuesta alrededor de US$ 1,20, frente a los US$ 0,60-0,70 de años anteriores.

Aun con ese incremento, en Sildaria consideran que la inversión conserva sentido en el largo plazo. “Es una inversión muy grande, pero estoy convencido de que se devuelve en quintales de maíz y de trigo, que son los cultivos para los que lo utilizamos principalmente”, afirmó Correa Peláez.

La disponibilidad de riego tampoco significa utilizarlo de manera permanente. En campañas con buenas precipitaciones, la decisión depende de la evolución de cada lote y de la demanda del cultivo.

“Tenemos los equipos para responder a las sequías y complementar los años normales. Si no necesitamos prenderlos, bienvenido sea”, señaló.

El criterio cobra importancia incluso en años con buenas perspectivas climáticas. Una lluvia puede ser seguida por períodos de 15 o 20 días sin precipitaciones, altas temperaturas y elevada demanda atmosférica. En esos momentos, el riego permite sostener el cultivo hasta la llegada de nuevas lluvias.

Maní, garbanzo y trigo candeal: apostar y aguantar

El otro foco de la estrategia esta en las especialidades. El maní se incorporó al planteo en la campaña 2024/25 bajo contrato con Prodemán. Para 2025/26, Sildaria cambió el esquema y armó un pool de siembra junto con el semillero El Carmen y una agronomía, de manera de distribuir el riesgo y mantener la propiedad del grano. “Fue una experiencia muy buena. Tuvimos un año excelente, igual que el anterior”, contó.

El cultivo también dejó desafíos. Uno de ellos fue la disponibilidad de maquinaria para la cosecha. Según Correa Peláez, en las últimas campañas pudieron sembrar y arrancar el maní en fecha, pero la falta de equipos demoró la recolección. “Lo sembramos bien, lo arrancamos en fecha y vemos un maní muy bueno. Pero después pueden tardar un mes en venir a cosecharlo”, advirtió.

El garbanzo, en tanto, forma parte del planteo desde 2012. La especialidad atraviesa actualmente un escenario de precios mucho más bajos que los históricos y, además, exige un manejo orientado a obtener calibres demandados por los mercados de exportación.

La última campaña mostró el riesgo comercial: alrededor del 70% de la producción no alcanzó los estándares requeridos y terminó destinada al feedlot. Solo el 30% pudo comercializarse en el mercado previsto.

Esta campaña, la empresa volverá a producir trigo candeal mediante un convenio con Molinos Sytari. Será su segunda experiencia con el cultivo, luego de alcanzar un promedio de 68 quintales por hectárea en la campaña anterior. A diferencia del trigo commodity, la comercialización requiere coordinar turnos de entrega y, en algunos casos, almacenar la producción hasta disponer de cupo.

Pese a los resultados adversos que pueden atravesar algunos cultivos, la empresa sostiene la apuesta. La lógica es que la diversificación no se evalúa por el resultado de una única campaña, sino por la posibilidad de mantener distintas alternativas productivas y comerciales a lo largo del tiempo.

“Soy partidario de que no hay que probar y retirarse. Hay que apostar y aguantar. Con las especialidades, cuando vienen las buenas, pagan todas las malas”, afirmó Correa Peláez.

Y agregó: “No nos salimos porque las especialidades no son para probar un año y abandonar. Hay que ser consistentes. Creemos que van a volver los buenos años”.