A mediados de agosto, unas 72,6 millones de toneladas de soja y maíz no tenían precio cerrado, aunque una parte de ese volumen ya había sido adquirida por exportadores o industrias bajo modalidades a fijar. El dato surge de un análisis de Fundación Mediterránea, que también evaluó la evolución del poder de compra de los granos y las alternativas de comercialización para los próximos meses.
En soja, sobre una producción estimada de 49,5 millones de toneladas, solo 17,7 millones tenían precio cerrado, el 35,7% de la cosecha. Otras 7,2 millones habían sido compradas pero permanecían a fijar y unas 24,6 millones todavía no habían sido adquiridas por estos canales. En total, 31,8 millones de toneladas, el 64,3% de la producción, continuaban sin precio.
En maíz, sobre una cosecha estimada en 71 millones de toneladas, 30,2 millones ya tenían precio cerrado, equivalentes al 42,6%. Otras 6,5 millones estaban adquiridas a fijar y unas 34,2 millones todavía no habían sido compradas. Así, 40,8 millones de toneladas, el 57,4% de la cosecha, permanecían sin precio.
El ritmo de comercialización muestra además una diferencia entre ambos cultivos. En soja, el porcentaje con precio está por debajo del 47,4% registrado a la misma altura de la campaña 2024/25 y de la mediana histórica desde 2010, cercana al 46%. En maíz, en cambio, el 42,6% fijado supera el 38,9% del año anterior y se ubica ligeramente por encima de la mediana histórica.
El análisis de Fundación Mediterránea plantea que el precio de los granos no alcanza para evaluar su situación. También importa cuánto puede comprar una tonelada de soja, maíz o trigo frente a otros bienes de la economía.
Durante los primeros siete meses de 2026, la soja recuperó 11% de poder de compra frente al mismo período de 2025, aunque todavía se ubicó 19% por debajo de su promedio histórico de 2016-2025 frente al costo de vida.
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En maíz, la relación frente al IPC cayó 7% interanual y se encuentra 23% por debajo del promedio histórico. Para el trigo, el retroceso interanual fue cercano al 9% y la pérdida frente al promedio histórico llegó al 32%.
Los fertilizantes aparecen como uno de los principales puntos de presión. La relación histórica de la soja frente a la urea y al fosfato diamónico se encuentra alrededor de 18% por debajo del promedio. En maíz, la pérdida ronda el 21%, mientras que en trigo se acerca al 30%.

La maquinaria también muestra una recuperación incompleta. La soja mejoró entre 21% y 27% su poder de compra frente a distintas mediciones de maquinaria respecto de 2025, pero todavía se encuentra entre 7% y 12% por debajo de su promedio histórico. En maíz, la pérdida histórica se ubica entre 11% y 15%, y en trigo entre 22% y 26%.
Sin embargo, el deterioro no aparece frente a todos los bienes. La soja mantiene, por ejemplo, una relación superior a su promedio histórico frente al glifosato y frente al valor de departamentos a estrenar en la Ciudad de Buenos Aires.
Con una parte importante de la cosecha todavía sin precio, aparece la pregunta central para los productores: ¿conviene vender ahora o esperar?
Para analizarlo, Fundación Mediterránea comparó dos estrategias. La primera consiste en vender el grano al precio disponible e invertir los pesos obtenidos hasta una fecha determinada. La segunda supone mantener el grano almacenado y fijar hoy un precio futuro mediante una cobertura en Matba Rofex.

El resultado es diferente para cada cultivo. En maíz, la señal es claramente favorable a esperar. Para diciembre de 2026, mantener el grano con cobertura ofrece una TNA en pesos del 69,6%, frente al 26,2% de vender hoy e invertir. La diferencia implica un valor al vencimiento 12,9% mayor para la estrategia de postergar.
La ventaja se mantiene en los vencimientos posteriores: la TNA de retener llega a 58,9% en enero, 48,5% en marzo, 45,9% en abril y 37,9% en julio de 2027.
En soja, la señal es mucho más ajustada. Para noviembre de 2026, retener con cobertura genera una TNA del 29,9%, frente al 26,1% de vender e invertir. Pero la ventaja acumulada hasta el vencimiento es de apenas 0,9%.
Para enero de 2027, la diferencia se reduce al 0,6% y, a partir de mayo, la alternativa de vender e invertir pasa a superar a la retención.
El trigo presenta una configuración diferente. Para noviembre y diciembre de 2026, vender e invertir ofrece una ventaja de alrededor de 0,9% y 1,1%, respectivamente. En enero las dos estrategias prácticamente se igualan y en marzo la retención vuelve a superar levemente a la alternativa financiera.
Así, el análisis muestra que un bajo poder de compra no implica automáticamente que convenga esperar para vender. La decisión también depende de cuánto remunera el mercado esa espera y de cuál es la alternativa financiera disponible para el productor.