La mancha blanca se consolidó como la principal enfermedad del maíz durante la campaña 2025/26 y se encienden señales de alerta entre técnicos e investigadores por la magnitud alcanzada en distintas regiones productivas. AGROVERDAD - 09/06/2026
Precisamente, en el norte cordobés se detectaron elevados niveles de severidad en siembras tardías, favorecidos por un escenario de alta humedad, abundantes precipitaciones y escasa radiación solar. Además de provocar una importante pérdida de área foliar, la enfermedad también mostró por primera vez en la región casos de secado anticipado de plantas, un fenómeno que podría tener consecuencias sobre el rendimiento de los cultivos.
Estos son los principales datos que surgieron de un relevamiento conjunto del Grupo CREA Córdoba Norte y el Laboratorio de Fitopatología de la Facultad de Ciencias Agropecuarias de la Universidad Católica de Córdoba (UCC) encabezado por el Ing. Agr. Roberto “Tino” De Rossi. El informe fue difundido por la publicación Contenidos CREA.
Preocupante expansión y severidad
De acuerdo con los resultados obtenidos en ensayos comparativos realizados sobre 22 híbridos implantados en lotes ubicados en Villa de María de Río Seco, la principal novedad fue la magnitud alcanzada por la enfermedad.
Según el informe, la mancha blanca fue la de mayor presión por segundo ciclo consecutivo, pero a diferencia de campañas anteriores, presentó por primera vez una distribución masiva en la región centro-norte de Córdoba.
Pero también tuvo una gran expansión en otras regiones maiceras de Argentina, como en las provincias de Santa Fe, el norte de Buenos Aires y Entre Ríos.
El reporte destacó que la expansión de la mancha blanca estuvo estrechamente vinculada con las condiciones ambientales registradas durante el ciclo. La elevada humedad, las precipitaciones frecuentes y los períodos de baja radiación generaron un escenario favorable para el desarrollo de enfermedades foliares.

“En la mayor parte del centro y norte de Córdoba tuvimos muy buenas condiciones ambientales desde diciembre hasta la actualidad, con precipitaciones de entre 800 y 1000 milímetros, dependiendo de las zonas, y muy buenas temperaturas para el cultivo. Lo que no tuvimos fue radiación, y eso llevó a que se desarrollen muchas enfermedades desde el inicio del ciclo», explicó Roberto “Tino” De Rossi, docente y miembro investigador del Laboratorio de Fitopatología de la UCC.
Pero lo más preocupante que se detectó fue que el avance del patógeno alcanzó niveles de severidad elevados en numerosos materiales evaluados y evidenció marcadas diferencias de comportamiento entre híbridos.
Mientras algunos registraron valores inferiores al 5%, otros superaron el 35% de severidad. En algunos casos, llegó a provocar el secado anticipado de las plantas, algo poco frecuente en ciclos anteriores.
En este sentido, la elevada severidad en algunos híbridos también implicó una reducción importante del área foliar activa durante etapas críticas del cultivo. En los casos más afectados, la mancha blanca avanzó hasta comprometer buena parte del tercio superior, con situaciones de secado anticipado que podrían haber limitado el llenado de granos.
“Es una enfermedad que se desarrolló muy fuerte y que está llamando la atención porque no solamente está generando muerte de hojas, sino también secado de plantas”, advirtió De Rossi.
¿Qué es la mancha blanca?
La enfermedad conocida como mancha blanca es un complejo asociado a distintos microorganismos. Según De Rossi, el proceso comienza con la bacteria Pantoea ananatis, un organismo que convive habitualmente con el cultivo de maíz sin causar daños.
“Es una bacteria endófita que normalmente está presente en la planta. Pero cuando se generan determinadas condiciones y aumenta su población, comienza a producir proteínas que desencadenan la enfermedad”, indicó.

Según el especialista, una vez que se generan las lesiones iniciales, otros microorganismos pueden aprovechar esos tejidos dañados y contribuir al desarrollo de los síntomas observados en el cultivo.
“El hongo Phaeosphaeria maydis (o Phoma maydis) aprovecha esa situación para introducirse en las lesiones y terminar de generar la sintomatología que vimos esta campaña”, agregó De Rossi.
Actualmente, se espera concluir con los resultados de rendimiento del ensayo, para dimensionar con mayor precisión el impacto productivo de la enfermedad, interpretar el comportamiento de los híbridos y evaluar las consecuencias económicas del problema sanitario.
Bajo control
La mancha blanca concentró la mayor parte de la presión de enfermedades durante la campaña y desplazó a otros problemas que históricamente tuvieron mayor protagonismo en los maíces de la región.
Como contrapartida, enfermedades tradicionalmente importantes para el maíz, como la roya común y el tizón foliar común, registraron niveles muy bajos de incidencia en el sitio evaluado.
En los ensayos, la roya común presentó una severidad promedio de apenas 0,4% en las hojas evaluadas, mientras que el tizón foliar común alcanzó un promedio de 0,2%. En ambos casos, los niveles observados fueron considerados bajos y sin impacto sanitario relevante sobre los materiales analizados.

Paralelamente, el complejo del achaparramiento ocasionado por la chicharrita del maíz, también mostró una presión reducida. La incidencia promedio fue de 1%, con la mayoría de los híbridos registrando valores nulos o muy bajos.
La enfermedad tuvo una presencia limitada incluso en un ensayo sembrado en fecha tardía, una condición habitualmente asociada con un mayor riesgo de infección.
“Vamos a tener que estar mucho más cerca de los lotes a medida que avance la cosecha para observar cómo evolucionan los procesos de secado y cuál es el impacto real de estas enfermedades sobre los cultivos”, concluyó De Rossi.
*Fuente: Contenidos CREA.