La Bolsa de Cereales de Buenos Aires (BCBA) volvió a convertirse en una caja de resonancia para uno de los debates más sensibles de la Argentina productiva.
Bajo el lema “Producir para el mundo, competir con inteligencia”, una nueva edición de Jonagro, el tradicional encuentro organizado por Confederaciones Rurales Argentinas (CRA), reunió a productores, dirigentes rurales, integrantes de la Mesa de Enlace, gobernadores, ministros, legisladores, empresarios y analistas.
La jornada de debate mostró, con crudeza y expectativa, las tensiones de un sector que se reconoce protagonista de la recuperación económica, pero que insiste en advertir que sigue condicionado por una estructura impositiva asfixiante y una competitividad todavía incompleta.
Con fuerte presencia territorial, la convocatoria expuso mucho más que reclamos sectoriales.
El agro llevó a escena una agenda integral donde convivieron pedidos históricos —como la eliminación definitiva de los derechos de exportación— con debates sobre infraestructura, sanidad, tecnología, ley de semillas, apertura comercial e inteligencia artificial.
En otras palabras: Jonagro buscó mostrar que el campo no solo reclama menos carga, sino también reglas de largo plazo para sostener su capacidad de inversión.

La apertura institucional estuvo encabezada por el presidente de CRA, Carlos Castagnani, acompañado por Lucas Magnano, Nicolás Pino, Ricardo Marra, Patricia Bullrich, Sergio Iraeta, Diego Santilli y Federico Sturzenegger.
Desde el inicio, Castagnani fijó el tono político del encuentro al sostener: “Las retenciones son un reclamo histórico e irrenunciable. Valoramos los esfuerzos realizados, pero necesitamos una hoja de ruta clara, previsible y definitiva hacia su eliminación total”.
Su intervención articuló buena parte del espíritu de Jonagro. No solo reclamó el fin de los derechos de exportación, sino que sumó cuestionamientos a la presión tributaria provincial, pidió “una Justicia más ágil, eficiente e independiente”, defendió el rol estratégico de INTA (Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria), SENASA (Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria) e INASE (Instituto Nacional de Semillas), reclamó infraestructura y logística, y exigió una ley de semillas “moderna, equilibrada y duradera”.

Sturzenegger fue uno de los funcionarios más esperados y utilizó su exposición para reforzar el mensaje oficial hacia el agro. “Este gobierno cree profundamente en el sector agropecuario. Para nosotros no es el Estado quien debe generar riqueza y trabajo, sino el privado, y el productor agropecuario encarna esa figura como nadie”, afirmó.
El ministro repasó medidas ya implementadas: importación de maquinaria usada, eliminación de retenciones al cuero vacuno, flexibilización para exportar cortes bovinos y ganado en pie, impulso a bitrenes y conectividad satelital para zonas rurales.
Iraeta eligió un tono más breve pero simbólico: “Mi mensaje para la gente de campo es corto y bastante claro: muchísimas gracias”. Luego vinculó los buenos resultados agrícolas con la confianza del productor: “Nada es posible sin el trabajo del hombre”.

Santilli reforzó el alineamiento político al señalar que “todo lo que expuso el ministro hoy es realidad gracias a la firme decisión del presidente Milei”, y destacó que muchas reformas fueron posibles por el acompañamiento legislativo de gobernadores.
Patricia Bullrich, por su parte, tomó el lema del encuentro como definición de rumbo nacional. “Podemos tomarlo claramente como una definición de país que sostenemos desde este gobierno”, sostuvo, para luego reafirmar su postura: “Estamos en contra de cualquier retención contra el campo”.

El panel “Acción de las provincias en una Argentina distinta” mostró una mirada federal sobre competitividad, desarrollo e infraestructura.
Rogelio Frigerio, gobernador de Entre Ríos, dejó una de las frases más resonantes: “En 2026 habrá cosechas récord, pero este año el campo tendrá muy poca rentabilidad”.
Su planteo reflejó una preocupación central: producir más no garantiza ganar más. “Tanqueras adentro hacen todo bien y ellos esperan que tranqueras afuera empecemos a corregir esas cosas”, remarcó.
Juan Pablo Valdés, gobernador de Corrientes, reconoció avances desregulatorios, pero advirtió sobre la necesidad de proteger economías regionales: “Debemos mirar hacia nuestras economías regionales y entender que en algunos lugares necesitamos barreras arancelarias para defendernos”.
Alberto Weretilneck, gobernador de Río Negro, defendió la diversificación de su provincia: “Muchos pensarán que somos sólo pera y manzana, pero hoy no es así”. Enumeró cerezas, cebolla, frutos secos, vitivinicultura y ganadería como parte de una nueva matriz.

La agenda técnica también ocupó un lugar central. Néstor Osacar, director nacional del SENASA, defendió el nuevo esquema sanitario y explicó que los cambios previstos “son pasos necesarios para dejar de vacunar en un futuro”, en referencia a aftosa.
Martín Famulari, presidente del INASE, puso el foco en la legislación sobre genética y tecnología vegetal: “Hoy estamos mucho más cerca entre las partes que cuando comenzamos en noviembre pasado”.
Manuel Chiappe, subsecretario de Producción Agropecuaria y Forestal, abordó el debate sobre INTA y aseguró: “Muchos han escrito y hablado del INTA sin conocerlo”. En esa línea, planteó una transformación con mayor articulación público-privada.

El contador Santiago Sáenz Valiente fue contundente: “Estamos en el país más gravoso del mundo”. Su análisis apuntó a una estructura con más de 100 tributos y una presión que, según advirtió, desalienta inversión y desarrollo.
El abogado Juan Manuel Álvarez Echagüe profundizó sobre tasas municipales y federalismo fiscal, mientras Jorge Gambale detalló herramientas como RIMI y RIGI para atraer capitales.
Por la tarde, el escenario económico sumó nuevas voces. Ignacio Ortelli observó que la política sigue de cerca al presidente y advirtió sobre costos de decisiones recientes. Martín Rapetti trazó una diferencia entre agro, energía y minería frente a otros sectores más golpeados, al señalar que “el sector agroindustrial es de los que se pueden encasillar en los que están bien”.
Fausto Spotorno resumió el momento macroeconómico con una frase de alto impacto: Argentina atraviesa “una transición de un plan que no iba a ningún lado a uno que puede ir a algún lado”.

La visión empresarial estuvo representada por Ricardo Venturino, Cristiano Rattazzi y Christian Angio, mientras Martín Vega, del Banco Nación, y Santiago Griffin, del BICE, analizaron financiamiento y cuentas del agro.
Francisco Flores Iglesias, presidente del Ateneo CRA, encabezó el bloque “El futuro del agro se escribe hoy”, reforzando el protagonismo juvenil.
Finalmente, María Laura Palacios aportó una mirada estratégica sobre inteligencia artificial y transformación, incorporando una dimensión tecnológica a una agenda históricamente dominada por impuestos y mercados.
El cierre, a cargo de Jorge Giacobbe, sumó análisis político y social, completando una jornada donde el agro buscó mucho más que exponer reclamos sectoriales: intentó consolidarse como actor central de una Argentina que necesita dólares, inversión, productividad y una hoja de ruta estable.
Jonagro volvió a dejar en claro que el debate ya no pasa solo por cuánto produce el campo, sino por cuánto puede crecer si las reglas dejan de ser una traba.
Entre discursos, cifras y advertencias, el mensaje fue unánime: el potencial está, pero la competitividad definitiva todavía depende de decisiones políticas profundas.