El trigo tuvo otra jornada de subas y llegó a tocar valores que no se veían desde hace casi dos años: durante el día superó los 240 dólares por tonelada en el mercado internacional, un nivel que marca hasta dónde viene empujando el cereal en las últimas ruedas. Esa suba, que ya se había visto también ayer, está explicada por una combinación de factores: problemas productivos en los Estados Unidos, costos más altos —sobre todo por la energía— y señales de que la oferta global podría achicarse. Sin embargo, sobre el cierre, en la Bolsa de Chicago, recortó parte de esa mejora: la posición mayo —la más cercana— terminó en US$235,99 por tonelada, una merma de 2,48 dólares versus ayer. Los especialistas coincidieron en que el movimiento tiene varias explicaciones.
Estas subas llegaron en un momento en que en la Argentina los productores están haciendo los planes para la próxima campaña de trigo. Para el ciclo 2026/27, la Bolsa de Cereales de Buenos Aires proyectó una siembra nacional de 6,5 millones de hectáreas, una caída interanual del 3%. En ese contexto, con el nuevo precio, Eugenio Irazuegui, analista de Zeni, detalló: “Ya tenemos operaciones de trigo nuevo (para el ciclo comercial 2026/27 de la Argentina) anotándose en US$230 por tonelada. Este valor implica un alza de 6,60 dólares por tonelada”.
Precisó que el contrato diciembre próximo se ubica en los niveles más altos desde que comenzó a negociarse. En tanto, de la cosecha vieja —terminada de levantar en enero— ya se comercializaron poco más de 17 millones de toneladas, el 61% de la producción nacional, que marcó un récord histórico. De ese volumen solo 14,6 millones de toneladas tienen precio cerrado: el resto es mercadería ya entregada, pero sin valor definido todavía.

Detrás de la suba hay varios factores que se combinan. El primero es la energía. El petróleo está arriba de los US$105 dólares y eso encarece todo lo que rodea a la producción agrícola: los fertilizantes, el gasoil, el transporte. Cuando producir cuesta más, los precios del grano tienden a seguir el mismo camino. Y el trigo, que es uno de los cultivos más intensivos en insumos, es de los primeros en sentirlo.
La otra razón está en el clima de Estados Unidos. Ariel Tejera, de Grassi, explicó que, según el último reporte del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA), solo el 30% de los lotes de trigo de invierno está en condiciones buenas a excelentes, mientras que cerca del 70% de las zonas tiene algún grado de sequía. Nebraska, por ejemplo, sufre sequía calificada como extrema en aproximadamente la mitad del estado. En este contexto, remarcó que “el escenario productivo en Estados Unidos genera incertidumbre” y advirtió que “la ventana para la recuperación se cierra”: las perspectivas climáticas no son favorables, el desarrollo del cultivo se acelera y eso pone en juego el potencial de rindes.
El trigo de primavera tampoco ayuda. Solo se sembró el 19% del área prevista, por debajo del 25% del ciclo anterior y del promedio histórico del 22%. Ese retraso acorta los tiempos del cultivo y aumenta el riesgo de que no rinda lo esperado.
Carlos Pouiller, director de AZ-Group, coincidió en ese diagnóstico y sumó que el deterioro de los trigos de invierno “se viene afianzando semana tras semana” según los informes del USDA. “Sin duda va a caer la producción americana de trigo y, por ende, sus exportaciones”, señaló. Y anticipó que en el informe de mayo del USDA van a aparecer las primeras proyecciones de oferta y demanda mundial para la campaña 2026/27. “Se espera una caída en la producción mundial de trigo que va a tener impacto en los stocks”, indicó.
La incertidumbre no se limita a Estados Unidos. El analista Germán Iturriza señaló que en Europa, Ucrania y Rusia el trigo de invierno está iniciando la floración. No hay grandes complicaciones por ahora, pero hay algo de sequía en el este de Europa y algunas entradas de aire frío en Ucrania y Rusia. “No es grave, pero no es muy bueno”, describió. Rusia, Ucrania y toda Europa están en plena siembra del trigo de primavera, lo que agrega otra capa de incertidumbre. El único factor que hoy pone algo de techo a los precios, según Iturriza, es que Rusia bajó los derechos de exportación a cero, lo que mantiene algo más de oferta disponible en el mercado.
Esa misma lógica empieza a cambiar las decisiones de siembra para la próxima campaña. Irazuegui señaló que en Australia el agregado agrícola del USDA proyectó una reducción del 4,8% en el área nacional de trigo, con una cobertura de 11,8 millones de hectáreas, por el encarecimiento de los fertilizantes nitrogenados. Gran parte de esas hectáreas irían a colza, una oleaginosa de invierno que compite por el mismo suelo.
En tanto, Tejera apuntó que en la Argentina también hay preocupación por la suba de costos de cara a la campaña fina 2026/27, en parte como consecuencia del conflicto entre Estados Unidos e Irán y a que los márgenes ajustados ya llevaron a algunas instituciones locales a proyectar caída de área.

En este contexto, en la Argentina la exportación sigue activa y Brasil aparece con más fuerza como comprador. “El trigo argentino, para llegar a Brasil, es mucho más competitivo que los de otros orígenes por la ventaja arancelaria y la ventaja de fletes”, explicó Pouiller. Esto permite vender a un precio FOB más alto y que eso se traslade al precio interno.
Por otro lado, la oferta local es más baja de lo habitual. Según explicó Pouiller, los datos de molienda muestran que, desde diciembre en adelante, en varios meses la actividad fue inferior a la del año pasado, a pesar de la producción récord. Esto, indicó, responde a que el productor está priorizando vender maíz, girasol y soja.
Iturriza recordó, además, que esta dinámica no es nueva: la última vez que el trigo estuvo en estos valores fue en junio de 2024, también en un contexto de incertidumbre productiva en el hemisferio norte y en ese momento llegó a tocar los 260 dólares. “Es un clásico de esta época”, resumió. La diferencia es que hoy, con el petróleo en niveles elevados sumado a los problemas climáticos, el mercado tiene más razones para sostener la suba.
Por Pilar Vazquez