En un contexto de márgenes ajustados, el riego aparece como una herramienta estratégica para cerrar brechas tecnológicas y potenciar los cultivos extensivos. Según algunas proyecciones, su expansión podría triplicar la superficie irrigada en el país en los próximos años. AGROVERDAD - 23/04/2026
En este sentido, la baja de impuestos a la importación y la puesta en marcha del Régimen de Incentivo para Medianas Inversiones (RIMI) que incorporó beneficios impositivos, reactivaron el interés por el riego en el agro argentino y una mejora en la ecuación financiera comienza a reflejarse en más consultas y ventas de equipos.
De esta manera, especialistas del INTA Manfredi analizaron el impacto de estas medidas y estimaron los costos de adopción de la tecnología. También destacaron su potencial para mejorar rendimientos, reducir riesgos y estabilizar los sistemas productivos.
Incentivos y beneficios
El Régimen de Incentivo para Medianas Inversiones (RIMI) introdujo beneficios clave que mejoran la viabilidad económica de incorporar riego, entre ellos, se destacan la reducción del IVA en la tarifa eléctrica y la posibilidad de amortizar de manera acelerada las inversiones, factores que limitaban la adopción tecnológica.
Puntualmente, el RIMI mejora la ecuación contable y financiera de las empresas al permitir amortizar más rápido la inversión en equipos en el impuesto a las ganancias, lo que reduce la carga fiscal en los primeros años y mejora la disponibilidad de efectivo. Además, habilita el cómputo de los créditos fiscales de IVA tras tres períodos fiscales mensuales.
Ambos instrumentos inciden de manera directa en la decisión de invertir. Según un relevamiento del INTA entre empresas proveedoras, un sistema por pivote de dos o tres posiciones puede rondar los 2500 dólares por hectárea, mientras que el goteo enterrado se ubica entre 3200 y 3300 dólares.
“El alivio impositivo y financiero puede ser clave para definir la inversión”, consideró Martín Giletta, jefe del Departamento de Economía del INTA Manfredi.
El RIMI y el Campo: “un incentivo fiscal para invertir”, opina el especialista Mariano EchegarayEn este sentido, “la reducción del IVA sobre la tarifa de energía eléctrica y la amortización acelerada son avances desde el punto de vista contable, financiero e impositivo, que van a mover la aguja en el crecimiento del área regada”, destacó el técnico.
Si bien los impuestos no suelen incorporarse al análisis operativo del costo de riego, sí tienen un fuerte impacto financiero sobre las empresas. “La reducción de la alícuota en la factura eléctrica implica una menor erogación y también ayuda a no acumular tanto crédito fiscal”, indicó Giletta.
Aún con estos beneficios, la energía eléctrica continúa siendo el principal componente del costo operativo del riego. Por eso, el técnico alentó a evaluar nuevas alternativas para generar energía en origen, ya sea a partir de biomasa en establecimientos con ganadería o mediante fuentes renovables, como los paneles solares.
Desde el INTA señalaron que estos beneficios despertaron un renovado interés entre los productores. Según empresas del sector, las consultas aumentaron al menos 50 % respecto del año pasado y eso ya se tradujo en un 20 % más de ventas. Si bien consideraron que esto es muy reciente proyectan un incremento de, por lo menos, un 40%.
Rindes, márgenes y estabilidad
La EEA INTA Manfredi tiene una larga trayectoria en el uso y la investigación de riego y realizan ensayos y producción de granos y pasturas con equipos de pivote central y riego por goteo enterrado. En 1996 instalaron el primer pivote sobre 30 hectáreas, hoy cuentan con 700 hectáreas irrigadas.
El principal aporte del riego pasa por mejorar los rendimientos y, sobre todo, por darle estabilidad al sistema frente a una mayor variabilidad climática. “Además del salto productivo, el riego reduce el riesgo en ciclos con déficit hídrico, incluso cuando una sequía haría inviables los planteos en secano”, destacó Aquiles Salinas, director del INTA Manfredi.
“Hoy la mirada es que el riego no es el bombero que apaga el incendio de la sequía de un año, sino una herramienta que permite planificar los próximos diez años”, agregó Salinas.
En este sentido, Noelia Barberis, investigadora del Departamento de Economía del INTA Manfredi, aportó datos de la experimental, donde se observa una respuesta marcada al riego.
En trigo, el rendimiento promedio pasa de 2341 a 6976 kilos por hectárea, con un aumento de 4635 kg/ha, y casi triplica al del secano. En maíz, sube de 7740 a 14.890 kg/ha, con una mejora de 7150 kg/ha, equivalente a casi el doble. En soja de segunda, pasa de 2550 a 3543 kg/ha, con una suba de 993 kg/ha.
Ese resultado se alcanza con aplicaciones promedio de 300 milímetros en trigo, 250 en maíz y 150 en soja de segunda con un sistema de riego por goteo enterrado.
Al traducir esos rindes a valor económico, sin considerar costos de producción y tomando como referencia los precios del Mercado a Término (A 3 Mercados) vigentes al momento del análisis, el diferencial de Valor Bruto de Producción asciende a 1029 dólares por hectárea en trigo, 1330 en maíz y 327 en soja.
Brechas y desafíos
Con este impulso, se calcula que, en los próximos años, la tecnología podría expandirse sobre 6 millones de hectáreas sembradas con cultivos extensivos en el país, frente a las 2 millones actuales.
“Estaríamos triplicando la superficie potencial irrigable que dispone del recurso en un corto plazo, con impacto en la economía del sector y del país”, subrayó Giletta.
La expansión del riego abre una ventana de oportunidad en un momento de reconfiguración del negocio agrícola. “Estamos entrando en un ciclo donde la rentabilidad agrícola puede estar bastante exigida”, advirtió Giletta. Por lo que consideró que “las empresas tienen el desafío de cerrar brechas tecnológicas, en un contexto con menores precios y mayores costos”.
En ese sentido, el riego se presenta como una oportunidad para mejorar la eficiencia y la productividad, y estabilizar los sistemas. “Cuando el riego se integra a estrategias de agregado de valor en origen, como con la transformación del grano en proteína animal, su impacto es aún mayor. Es una tecnología llave”, agregó el técnico.
Entre los desafíos pendientes, advirtió sobre la necesidad de generar nuevas formas de contratos en campos arrendados, que representan el 70 % de la producción.
“Para un productor que alquila, encarar una inversión de este tipo es complejo, porque al finalizar el contrato no puede recuperar todo lo destinado a esa mejora. Eso exige acuerdos entre privados, con plazos más largos que permitan viabilizarla”, concluyó Giletta.
*Fuente: INTA Informa.