Curitiba se convirtió esta semana en el punto de encuentro de una discusión que excede los límites de la diplomacia científica.
Entre mesas de trabajo, convenios y debates sobre innovación, representantes de Argentina, Brasil, Paraguay, Chile, Uruguay y Portugal avanzaron en una agenda común orientada a fortalecer el desarrollo regional en el marco del Acuerdo Mercosur-Unión Europea. Pero detrás de los discursos institucionales apareció un protagonista concreto: la agroindustria.
La reunión internacional, organizada por la Fundação Araucária del Estado de Paraná, reunió a organismos científicos y tecnológicos de distintos países para consolidar estrategias compartidas de investigación, transferencia tecnológica y producción de conocimiento.

En representación argentina participó el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), encabezado por el integrante de su Directorio Walter Sione, junto a autoridades de los Centros Científicos Tecnológicos Nordeste y NOA Sur.
El objetivo central fue construir mecanismos de cooperación capaces de conectar ciencia, producción y desarrollo territorial. Y en esa agenda, la agroindustria surgió como uno de los sectores con mayor potencial para generar innovación, empleo y crecimiento económico en Sudamérica.
La región vinculada al eje del Trópico de Capricornio concentra enormes capacidades productivas relacionadas con alimentos, biotecnología, energías renovables y recursos naturales estratégicos. Allí confluyen algunas de las principales zonas agrícolas y ganaderas del continente, junto con corredores logísticos fundamentales para el comercio regional.
Por eso, los debates no se limitaron a la investigación académica. Las discusiones giraron alrededor de cómo convertir el conocimiento científico en herramientas concretas para mejorar la competitividad agroindustrial, incorporar tecnología a las cadenas productivas y promover modelos de desarrollo sostenibles.
“La construcción de una agenda común en ciencia, tecnología e innovación entre los países del Mercosur es fundamental para fortalecer las capacidades regionales”, sostuvo Walter Sione durante las jornadas. La definición reflejó el clima de un encuentro atravesado por la idea de integración productiva y cooperación tecnológica.

Uno de los momentos centrales del encuentro fue la firma de un convenio entre el CONICET y la Fundação Araucária para implementar el programa “Ganhando o Mundo da Ciência”. La iniciativa apunta al intercambio de investigadores, becarios y especialistas, además de promover proyectos conjuntos vinculados a áreas estratégicas para el desarrollo regional.
Entre esas áreas aparece con fuerza la agroindustria, considerada un sector clave para enfrentar los desafíos económicos y ambientales de las próximas décadas. El acuerdo contempla investigaciones aplicadas a producción agroalimentaria, bioeconomía, tecnologías sustentables y agregado de valor en origen.
La intención es clara: fortalecer la articulación entre universidades, centros científicos y sectores productivos para acelerar la incorporación de innovación en las economías regionales.
En los pasillos de la reunión, varios especialistas coincidían en que Sudamérica posee ventajas comparativas excepcionales en materia agroindustrial, aunque todavía enfrenta dificultades para transformar ese potencial en liderazgo tecnológico global. La dependencia de maquinaria, software y desarrollos importados sigue siendo uno de los principales desafíos.
Por eso, la cooperación científica regional aparece como una herramienta para reducir brechas tecnológicas y desarrollar soluciones adaptadas a las necesidades locales. El intercambio de conocimientos entre investigadores argentinos y brasileños permitirá trabajar sobre problemáticas comunes vinculadas a producción sustentable, manejo de recursos naturales, trazabilidad, digitalización rural y agregado de valor.
El presidente de la Fundação Araucária, Ramiro Wahrhaftig, destacó que el acuerdo busca crear conexiones permanentes entre científicos, universidades y sectores productivos de ambos países. También remarcó la importancia de formar profesionales capaces de intervenir en escenarios globales atravesados por la innovación tecnológica.
La agenda agroindustrial ocupa un lugar prioritario dentro del proceso de integración regional. No solo por el peso económico del sector, sino también porque el acceso a alimentos, energía y recursos estratégicos se convirtió en una cuestión geopolítica central.
El avance del Acuerdo Mercosur-Unión Europea (UE) funcionó como telón de fondo durante toda la reunión. Para los organismos participantes, la apertura de nuevos mercados y esquemas de cooperación internacional obliga a fortalecer capacidades propias de investigación y desarrollo tecnológico.
En ese contexto, la agroindustria aparece como una oportunidad, pero también como un desafío. Los países sudamericanos buscan evitar quedar relegados al papel histórico de exportadores de materias primas sin valor agregado.
Por eso, los representantes científicos insistieron en la necesidad de impulsar modelos de innovación capaces de transformar producción primaria en desarrollo tecnológico, empleo calificado y crecimiento sostenible.
El Norte Grande argentino ocupa un lugar estratégico en esa proyección. Regiones como Salta, Jujuy, Tucumán, Chaco o Santiago del Estero concentran capacidades vinculadas a agricultura, energías renovables, minería sostenible y biotecnología. A través de los CCT del CONICET, esos territorios comenzaron a integrarse con mayor protagonismo en las redes regionales de investigación.
Durante las jornadas también se discutió la necesidad de avanzar en convocatorias conjuntas, intercambio de datos y proyectos coordinados orientados a resolver problemas concretos vinculados a producción alimentaria, ambiente y transformación digital.
La idea de un “corredor bioceánico del conocimiento”, impulsada en encuentros previos entre investigadores argentinos y brasileños, volvió a ocupar un lugar destacado. El concepto apunta a construir una red de cooperación científica y productiva que conecte territorios estratégicos del centro-sur sudamericano.
Más allá de los acuerdos firmados, Curitiba dejó instalada una señal política y científica: la integración regional ya no se piensa únicamente en términos comerciales. La ciencia, la tecnología y la innovación comienzan a ocupar un lugar central en la construcción de un modelo de desarrollo compartido.
Y en esa apuesta, la agroindustria aparece como uno de los motores principales para transformar conocimiento en producción, investigación en empleo y cooperación en crecimiento regional.